Integración latinoamericana y sociedad de la información
Ponencia presentada en el VII Festival de la Prensa Escrita. La Habana, Jueves 29 de Diciembre de 2005. Por Ernesto Vera
Moldear las mentes con el objetivo de fabricar la opinión pública
favorable a los intereses injustos dominantes, creación colonialista e
imperialista, tuvo respuesta organizada hace más de tres décadas por
parte de las naciones del mundo explotado y avasallado y de sus
profesionales de la prensa.
Ese movimiento nació acompañado del combate a favor de cambios
sustanciales en el orden económico internacional. El Nuevo Orden
Internacional de la Información y la Comunicación y el Nuevo Orden
Económico Internacional integran diseños de la bandera emancipadora de
los pueblos, especialmente de aquellos más dominados y dependientes.
Aunque los principios proclamados en las ideas sustentadas en ese
movimiento tienen profundos reclamos de justicia, siempre se han
expresado sin abogar por cambios estructurales de la sociedad
capitalista dominante. No obstante, la reacción de los países poderosos
y de sus instituciones, incluidos los medios de prensa, siempre ha sido
de rechazo tajante, de no admitir siquiera la discusión de esos temas
ya que, según ellos, atentan contra las libertades de prensa y de
mercado.
De ser así tendríamos que considerar atentatorios a esas libertades el
reclamo de las naciones a que sea respetado el derecho internacional,
la carta de las Naciones Unidas, la autodeterminación, la igualdad y
soberanía, la no injerencia y la cooperación pacífica. También las
pondrían en peligro tener políticas propias de comunicación, proteger
la soberanía nacional, la identidad cultural, combatir las noticias
falsas, defender el derecho a recibir una información veraz.
Estos son algunos de los principios incómodos y molestos para los
campeones de ellas en el terreno libertario internacional, ya que en
forma autoritaria se tratan de establecer por los que pretendemos
violar el derecho divino de tener impunidad en una única forma suprema
de libertades, basada en el engaño sistemático, o cuando no les es
posible por esa vía, mediante la acción bélica.
Con mentiras y con armas, y también con ambas, se pretende decidir el
destino de la humanidad, debido a que es prerrogativa no compartida por
el carácter no neutral del poder supremo de un dios que ya lo ha
determinado a favor de los que se sienten con esa misión y la ejercen.
De igual forma atentan contra los dueños de la información libre los
diez principios internacionales de la ética profesional en el
periodismo de la UNESCO, aprobados en 1983 con la participación de
todas las organizaciones internacionales y regionales de periodistas.
Uno de esos principios y sólo un breve fragmento de su texto señala:
“El compromiso ético con los valores universales del humanismo obliga
al periodista a abstenerse de toda justificación o instigación a la
guerra de agresión y la carrera armamentista…” ¿Será que la complicidad
con esas acciones perversas, realidad vergonzosa de los grandes medios
en la actualidad, pretende ser parte intocable de las libertades
proclamadas por sus empresarios? Parece que sí, porque en la reunión
celebrada dos años antes en 1981 en Talloires, Francia, acordaron lo
siguiente: “Estamos convencidos de que es hora de que la UNESCO y otros
organismos intergubernamentales abandonen sus intentos por regular el
contenido de la información y reglamentar la prensa… Estamos
convencidos de que la esencia de la prensa libre no radica en la acción
del gobierno o de los organismos internacionales, sino más bien en el
profesionalismo, el valor y la valentía de cada periodista…”
Por supuesto que los señores que así piensan no conocen la autocensura
de la sobrevivencia o la valentía de morirse de hambre caso de
discrepar con sus intereses, siempre vinculados a las peores causas en
el seno de los países e internacionalmente. Esa es la génesis de que la
mejor ley es la que no existe, tan reiterada por los magnates. Pero,
¿por qué profesionalismo, valor y valentía del periodista deben ignorar
principios éticos en el desempeño de su función? ¿Es que la profesión
periodística está formada por seres angelicales incapaces siquiera del
error? Además, ¿por qué son los grandes empresarios los que se arrogan
el derecho de caracterizar al profesional de la prensa sin preguntarle
a los que integran sus redacciones siquiera su opinión, como hacen
constantemente al emitir criterios sobre la existencia o no de la
libertad de prensa?
En nuestro continente, principalmente en América Latina están definidas
con nitidez las posiciones de los dueños de los grandes medios
encabezados por las transnacionales, y de los periodistas. Por un lado
los secuestradores de la libertad de prensa agrupados en la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) y los profesionales del periodismo,
integrados en la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).
En el primer caso mediante el golpe de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) en 1950 en Nueva York, y la respuesta de los
periodistas, que fundó su Organización en 1976 en México. Cuatro de los
dieciséis principios de la FELAP, de sus periodistas son definitorios:
1. La libertad de prensa la conciben como el derecho de nuestros
pueblos a ser oportuna y verazmente informados y a expresar opiniones
sin otras restricciones que las impuestas por los mismos intereses de
los pueblos.
2. Declara que el periodista tiene una responsabilidad política e
ideológica por la naturaleza de su profesión, que influye en la
conciencia de las masas, y que esa responsabilidad es insoslayable y
contribuye a la esencia de su función social.
3. Declara que está junto a los pueblos y gobiernos de nuestra América,
que en el libre ejercicio de sus derechos soberanos, defienden los
recursos vitales de sus países frente a cualquier amenaza de los
Estados Unidos de América y de otras potencias capitalistas; y,
consecuentemente, apoya a los demás pueblos del Tercer Mundo que luchan
por estos mismos objetivos.
4. Se declara antifascista y se opone a todo régimen de terror inspirado en la opresión del pueblo.
¿Serán estas muestras del sentir de los periodistas, expresadas por
ellos mismos, y no por empresarios, señales peligrosas para la libertad
de prensa? Pues sí. La SIP se ha opuesto reiteradamente al derecho
colectivo a la información veraz, pretextando que esa veracidad
quedaría en la facultad de los gobiernos. Ejemplo mejor no es otro que
el hecho de que ese enunciado se aprobó en la Cumbre Iberoamericana de
Isla Margarita, en 1997, sin que haya ocurrido nada parecido. En cuanto
a la responsabilidad política, ideológica y social del periodista, ello
contradice la imparcialidad al servicio del opresor que siempre han
proclamado.
Demás está decir lo que significa el apoyo de los periodistas a los
pueblos y gobiernos que resisten el poder imperial. El último de esos
principios, de carácter antifascista y antiterrorista, no puede tener
mayor actualidad, cuando el gobierno fascista de Estados Unidos aplica
el terrorismo de Estado contra gran parte del mundo y de su propio
pueblo. En ese caso el gobierno actúa, imponiendo la “democracia”
mediante los fusiles, con el objetivo de “civilizar” a los “bárbaros”,
éstos, iniciadores de la verdadera civilización que deshonran los
agresores.
Este somero balance en el que se señalan algunos temas importantes
representativos de los intereses populares que son negados o ignorados
por los medios de prensa del sistema neoliberal globalizado, del
imperio, concretan en forma precisa e inobjetable hacía donde se
orienta el poder dominante detrás de la retórica de libertades que
proclama. Como nunca vivimos la sociedad de la desinformación, y jamás
hubo tanto alejamiento ético en la esfera de la información y la
comunicación.
Hoy tienen más vigencia los fundamentos del movimiento iniciado en la
década de los años setenta del siglo anterior y, a pesar de los reveses
en la UNESCO, se manifiesta con creciente potencia la acción de la
prensa alternativa, antihegemónica, de alcance continental e
internacional. Es más. En este combate se ha sumado la crisis del
sistema consumista y derrochador impuesto y ha entrado en escena con
fuerza la lucha por la supervivencia humana, lo que debe sumar más
fuerzas a la resistencia popular al engaño cómplice de los medios
transnacionales.
La experiencia de varias décadas indica que la información y la
comunicación son temas estratégicos sobre los que el poder imperial no
está dispuesto a hacer la menor concesión. La simple discusión motivó
la salida de Estados Unidos e Inglaterra de la UNESCO y la amenaza de
otros centros de poder en igual dirección. También es evidente cómo el
movimiento del NOIIC enfatizó demasiado en el aspecto cuantitativo del
desbalance tecnológico, lo que fue aprovechado para inventar el fraude
del Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación
(PIDC). Si es importante el alcance de los medios, lo esencial y
determinante reside en el contenido colonizador y embaucador de los
mensajes, junto al silencio conveniente sobre temas incómodos para los
dueños del mundo. Se trata de la mentira organizada, consciente, a la
que no puede renunciar el imperio.
Lo expuesto indica con claridad que todo avance en la lucha por
combatir el engaño universal existente debe lograrse mediante el
combate sostenido, sin la menor ingenuidad, porque estamos frente a
criminales tan o más perversos que la soldadesca asesina genocida de
las invasiones agresoras. Nuestro lenguaje tiene que ser tan duro como
la resistencia al agresor, sobre todo en este tiempo donde vivimos el
espectáculo absurdo de la premiación de los mentirosos y torturadores,
aunque comiencen las señales del ajuste de cuentas de los pueblos.
Resulta evidente que todo el movimiento de la prensa alternativa es la
lucha por la verdad en forma dispersa, el que está requerido de
organizarse en la medida que responda a una estrategia que no puede ser
otra que la antimperialista. De esa manera sólo podrá tener asiento en
la región latinoamericana en el proceso integrador en lo económico y
político de nuestros países, única forma de resistir las presiones
acostumbradas. En otras palabras: la integración del movimiento
alternativo pasa por la integración de los países de nuestra América en
forma amplia y creciente o no rebasará ciertos límites en los avances,
además de correr los riesgos de las presiones, como en etapas
anteriores.
Petrosur, Petrocaribe, Alternativa Bolivariana Para las Américas (ALBA)
son bases sólidas iniciales en el surgimiento y desarrollo de Telesur,
comienzo vibrante de la etapa superior de la prensa alternativa,
antihegemónica, y de la necesaria estrategia antimperialista.
Si faltaba algo para demostrar el sentido alterativo de la prensa
alternativa, su esencia cualitativa, independiente del alcance y poder
de esos medios, el programa Aló Presidente ha dado la prueba mejor,
esta vez creado y conducido por el Presidente Hugo Chávez contra la
desinformación de los medios convencionales, peones obedientes del
dictado imperial.
En el caso cubano, desde hace más de cuatro décadas todos los medios
del país, incluidos algunos internacionales integran la gran prensa
alternativa regional, con presencia internacional. Sus medios, leales a
los más sagrados intereses nacionales y populares, son solidarios de
toda causa justa en el mundo. El mensaje antihegemónico de sus espacios
es consecuente con todos los principios proclamados por el NOIIC, los
éticos de la UNESCO y los fundacionales de la FELAP. La mejor prueba de
ello es que Cuba encabeza de forma permanente los informes de la SIP
sobre la ausencia de la libertad de prensa, debido a su combate
legendario contra la mentira organizada del imperialismo estadounidense
y de sus medios.
Si de algo podemos estar seguros es de la actitud hostil de los dueños
de la actual sociedad de la desinformación con cualquier iniciativa
noble de la Cumbre Mundial sobre la sociedad de la información que tuvo
lugar en Túnez en el mes de noviembre.
Para nosotros está claro que la guerra mediática se decide en última
instancia en lo interno, aunque tenga gran importancia en la esfera
internacional. Hoy no existe por separado una y otra cuestión. De la
calidad de nuestros medios, de cómo estén más a la altura de la
responsabilidad asumida de ser la guía del periodismo antihegemónico,
antimperialista, responde cada espacio, cada página del periodismo
revolucionario cubano. Y no hay otro camino para ello que abordar de
manera creadora y combativa los dieciséis aspectos relacionados en el
documento Presencia y Consistencia en la batalla global de las ideas
del VII Pleno de la UPEC. Es decir, trabajar sobre todo en los puntos
débiles y por el perfeccionamiento constante e integral de nuestro
periodismo, representa el mejor aporte para desenmascarar la falsedad
de la libertad de prensa que se ha impuesto por los poderes monopólicos
y elevar la verdadera libertad, la de los pueblos y sus periodistas
leales, aunque deba enfrentarse al mundo de la desinformación
existente. Ese desafío a la propaganda del enemigo y el proceso en pos
de la integración latinoamericana hará que la verdad dispersa se
organice y combata con la estrategia única de nuestro tiempo, la
antimperialista, que es también la verdadera forma del nuevo
periodismo.


